Nuestro Cristo verde de todos los días.
(2018, México)
Dirigida por Valeria Mejía.
Esta película está basada en el caso real del intento de robo del Cristo Verde de Cozoyoapán, que fue un escándalo internacional en 2009 y puso el tema del saqueo arqueológico en la agenda noticiosa durante meses.
Un millonario coleccionista de antigüedades raras se enteró de que en la costa del pacífico de México había una iglesia del siglo XVI que tenía un Cristo verde. Decidido a hacerse con él, contrata a un bróker especialista en conseguir objetos saqueados de todo el mundo. El bróker entra en contacto con un arqueólogo del INAH asignado a la zona y le propone entregarle una réplica exacta del Cristo verde para que él haga el cambio y le entregue el original a cambio de 800,000 dólares.
El arqueólogo, que le tenía un gran cariño a la gente de la zona, reúne a los principales del pueblo y les cuenta de la oferta. Después de la indignación inicial, el arqueólogo les propone que ellos hagan su propia réplica usando la madera de una puerta de la iglesia que es de la misma época que el Cristo, que le entreguen esa copia al coleccionista y que utilicen el dinero para solucionar problemas del pueblo.
Los locales y el arqueólogo ponen manos a la obra y todo el plan va marchando bien, pero una restauradora de arte sacro del INAH escucha un rumor impreciso sobre el bróker y el arqueólogo, investiga un poco y ante lo que cree descubrir, decide denunciarlo. Las autoridades reaccionan rápidamente y arrestan al arqueólogo, que es exhibido ante la prensa como escarmiento para disuadir otros potenciales saqueadores.
Con el caso en todos los periódicos y noticieros, el bróker desaparece sin haber entregado el dinero, pero los principales del pueblo deciden que no pueden abandonar al arqueólogo a su suerte y confiesan el plan completo a los periodistas. En veinticuatro horas el arqueólogo pasa de ser el villano de la historia a ser casi un prócer nacional y el tema de la protección del patrimonio arqueológico pasó de inspirar bostezos resignados a discutirse con pasión e inspirar programas, sketches de comedia y mesas de debate bastante acaloradas.
La película de Valeria Mejía, quien antes de ser cineasta era arqueóloga, es el primer intento serio de llevar esta historia a la pantalla y es también su primer largometraje.

