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[Esta reseña se publicó originalmente en la revista Marvin]

DAVID MIKLOS: MIRAMAR


Una matryoshka literaria donde cada historia contiene a la historia anterior.

Un solo argumento tiene Miramar: un hombre escribe un libro. La sorpresa es que el libro que el hombre escribe se convierte de repente en la realidad que se está contando y el personaje del libro pasa a ser el protagonista de Miramar, que ahora sostiene una correspondencia con el escritor del principio. Antes de que el lector alcance a darse cuenta, la realidad de la primera escena se desdobla y se transforma en otra situación que a su vez es el origen de la escena anterior. Un libro rojo de anotaciones del pasado que está en la mesa donde el escritor escribe, de repente es una parte integral de la novela que el lector tiene en la mano y entonces el lector se da cuenta que está leyendo el libro de anotaciones del escritor, que en realidad contiene las notas del personaje creado por el escritor. “David Miklos”, el escritor ficticio que al principio de Miramar cuenta que escribe, de repente acaba escrito por el personaje que creó, que a su vez le está escribiendo a Miklos –y escribiendo el libro a medida que avanza- para contárselo, todo esto al tiempo que recuerda aquella vez que Miklos lo creó a él recorriendo aquella ciudad en el libro rojo que el lector tiene en sus manos dentro de Miramar. Reducida aquí a un solo párrafo, la trama se vuelve vertiginosa y difícil de seguir, pero Miramar  establece desde el principio una cadencia y una lógica propia que hacen que este libro imposible sea perfectamente verosímil. No es un logro menor.

David Miklos, el autor, el real, nació en San Antonio Texas en 1970. Es editor de Istor, la revista de historia del CIDE y ha publicado varias novelas. Además de eso mantiene una vida bastante activa en el medio literario y recientemente fue compilador de una antología de nuevos escritores mexicanos (22 voces Vol. 1) que fue publicada para descarga gratuita en ese enlace por Editorial Malaletra.

 

Para describir la escritura de David Miklos se podría empezar por decir que no es de estos autores que se desvela por dejarle claro al mundo que es un escritor mexicano. México aparece en sus páginas, sin duda, pero no más ni menos de lo que aparecen otros países y otras ciudades. Su estilo es sumamente literario, en el sentido que se le da al término para contraponerlo a otros estilos, como el periodístico o el de la crónica hiperrealista descarnada.

 

Miklos evidentemente es un tipo que cuida el lenguaje, pero no al grado de que la elección de las palabras obstruya el avance del texto. Ante todo y en todo momento, lo que impera es la fluidez de la narración. Entre el tono literario y la buena mano que tiene para narrar cualquier ciudad como si fuera propia, Miklos deja la sensación de algo que podríamos llamar universalidad natural, que es algo que otros escritores a menudo tratan de lograr con desplantes artificiosos que en vez de dar como resultado grandes obras producen textos fanfarrones que acaban tropezándose con sus propias zancadillas.

 

Miramar es más que un buen libro: por su forma insólita y su lenguaje es una contribución efectiva a la literatura que se escribe acá. Por ir por una ruta aparte a la de las modas literarias del momento probablemente no será celebrado con bombos y platillos por todos lados, pero es fácil imaginarse que será un libro que va ir ganando lectores con el tiempo y más adelante podría ser reconocido como lo que es: una obra literaria sin gentilicios ni adjetivos que se sostiene por su propia solvencia. Siendo un libro que propone un universito aparte que se rige por sus propias reglas, la apuesta era bastante osada, y Miklos la ganó.

Miramar lo publicó Textofilia, que también publicó El abrazo de Cthulhu y ambos se pueden comprar en esos links directamente en la página de kichink de la editorial, que además tiene un catálogo bastante interesante.

 

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