Luis Okamoto (Lima, 1964, IG: @luisokamotope)

Luis Okamoto lo entiende todo a través del rigor. Para él la perfección artística sólo puede alcanzarse a través de una práctica constante, inflexible y la calidad está estrechamente relacionada con la simetría, con lo intencional. Antes de llegar a Tokio Luis constantemente elogiaba lo japonés como fruto de la planificación absoluta. Para él, el Japón que su abuelo le había descrito era un país donde nada era dejado al azar y ahí estaba la clave que en el siglo XIX les había permitido pasar de ser un país feudal que utilizaba las herramientas más básicas a igualar, y en algunos ámbitos superar tecnológicamente a las potencias europeas y a Estados Unidos en un plazo de 10 años.

Luis hablaba también de que para él, el Perú antiguo y el Japón son un caso insólito en el que dos países que están en polos opuestos del mundo desarrollan una sensibilidad gemela. Para él, el Perú moderno ha extraviado el rumbo y la clave para volver a encontrarlo está en recuperar esa percepción original que el Japón nunca abandonó. Esta exposición retoma algunas de sus fotos de Perú, como las piedras asimétricas de Machu Picchu, para compararlas a las paredes del Palacio Imperial de Tokio y esas fotos nos ofrecen un sustento visual innegable para esa teoría tan suya.


En cuanto a sorpresas, Okamoto en Tokio descubrió algo que no estaba en los relatos de su abuelo. Caminando por la ciudad se encontró constantemente con una asimetría que, aunque chocaba con su concepto de la perfección, lograba siempre una imitación diestra de la naturaleza. En vez de encontrarse jardines de composición impecable y pulcritud quirúrgica, Luis supo darse cuenta que para los japoneses la armonía inigualable de la naturaleza está en el musgo que crece a su aire y que ellos nunca retiran. En las sombras de las hojas de los árboles, que nunca trazan líneas rectas. Que la única manera de alcanzar la eufonía y la cadencia del diseño que tiene la naturaleza no era a través del rigor del designio, sino de entregarse justamente a su naturalidad.

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