Psicología animal 

(2017, Ecuador).

Dirigida por Valeria García-Vázquez.

2035: las identidades queer son ahora mainstream; el espíritu de la transgresión quedó lejos y ahora todo se mueve en torno a la industria de los cosméticos. Clemencia, Atadura y Dignidad quieren más que un espectáculo de varietés para desafiar y definir su identidad. Psicología animal cuenta la impronta de tres amigas transgénero que, decididas a desechar los clichés en el ambiente LGBTTTI, instituyen un concurso de espectáculos imposible. 

 

No quieren saber de sensualidad plagada de lugares comunes, no quieren que ninguna ni ninguno de los concursantes se suba al escenario con medias de red, pestañas postizas, escotes y ligueros. Las tres amigas saben que llevar esos modelos al mundo nuevo que sus identidades buscan crear es una trampa de perpetua insatisfacción: emular la sensualidad de la femme fatale o de la dulce mujercita que desea explorar su lado pecaminoso es condenar (en voz de Clemencia) su “sexualidad a la sumisión insoportable de la -hasta ahora- imperecedera dinámica del dominado y el dominador, el encantado y el encantador, el activo y el pasivo, y todos los miembros de esa aburrida lista de binomios con los que hemos aprendido a seducir y dejarnos seducir”. 

 

Su concurso propone un show de invención de sexualidades: cada concursante tiene que presentar una coreografía de algo innovadoramente excitante. En el escenario se presentan desde los que no pudieron ir más allá de repetir el cliché de la media de red y el lipstick rojo, como los que catárticamente llenos de gracia provocan que el espectador se haga la pregunta que plantea el film: y es que si no tuviéramos modelos culturales, ¿sabrías tú qué es lo que realmente te excita?


El show Especulée, es el hilo narrativo donde coinciden Clemencia, Atadura y Dignidad, pero gracias a flashbacks y proyecciones sabemos a qué dedican su vida las tres. Dignidad forma parte de un ONG que convierte la basura que flota en el Pacífico en mobiliario de lujo para hoteles y restaurantes. Atadura es hija de una cirujana casada cinco veces y se dedica a dar discursos motivacionales para incitar la renovación de la personalidad a través del cambio constante de parejas. Clemencia, que en su juventud lucró con la dominación sexual de pago, ahora busca la quietud de la mente impartiendo clases de yoga.