Rioplatense.

(1992, Uruguay).

Dirigida por Pablo Rocandio y Cayetano Ferreira.

Rioplatense es un documental que perfectamente podría ser considerado un falso documental (un mockumentary) si no fuera porque todas las anécdotas que se cuentan en él son verdad. Lo que no es verdad, pero él no lo sabe, es que Esteban López, el hombre que las cuenta, haya participado en ellas. López es un bibliotecario retirado que padece una forma de demencia senil que lo tiene convencido de que todas las historias que conoce de todos los escritores famosos de América Latina las sabe porque fue amigo personal de todos ellos y estuvo ahí cuando ocurrieron.

Por ejemplo, Esteban cuenta la vez que va con García Márquez, Vargas Llosa y José Donoso a visitar a Julio Cortázar en Cataluña. De casa de Cortázar se van a uno de esos restaurantes donde el comensal anota lo que quiere comer en la comanda, el mesero se lleva la orden y regresa con la comida preparada. Emocionados por la reunión y el intercambio de anécdotas después de tanto tiempo sin verse, ninguno de los amigos le hace caso al procedimiento y el mesero, tras acercarse por cuarta vez a la mesa a recoger la comanda y constatar que aún no habían anotado la orden, toma el papel y grita con esa hosquedad inigualable de los meseros ibéricos: “Bueno, ¿qué ninguno de ustedes sabe escribir?”. En su recuento, López, el único que no era escritor, le dice al mesero “deme, yo sé escribir” y anota la orden.

López cuenta también de un día que estaba con Borges en la biblioteca donde este último trabajaba y llegó un amigo de la infancia del escritor a consultar unos datos. El visitante encuentra por accidente la entrada de Jorge Luis Borges en la enciclopedia y, sorprendido con lo que considera una coincidencia, va a decirle a Borges que en la enciclopedia hay un escritor que se llama igual que él. Una anécdota sin duda encantadora, pero que es ampliamente conocida porque aparece en muchas de las biografías del autor de El Aleph.

 

El documental intercala las escenas de Esteban López contando sus historias con escenas de otras personas aquejadas por demencia senil que no han tenido la suerte de convertirse en un personaje celebrado en su comunidad. Vemos personas languideciendo en asilos de ancianos, hablando solos por los rincones o tratando de contarle historias a enfermeros que simplemente quieren terminar con la tarea de administrarles los medicamentos sin prestarles verdadera atención.

 

Con esto el documental busca hacernos reflexionar que fue solo un golpe de suerte el que salvó a López de un destino parecido. Que un puñado de historias robadas sin ningún dolo lo convirtieron en un personaje tan buscado, que la visita a su casa ahora aparece en varias páginas de internet como una de las actividades infaltables para los turistas que visitan Montevideo. Así, este hombre solitario que en realidad no conoció a ninguno de sus célebres amigos, aterrizó en la vejez convertido en un personaje digno de un cuento de cualquiera de ellos.